El narco y la cana: Lugano, postal de un sistema de desigualdades
21.5.2021
Por Rosa D’Alesio
El barrio Padre Mugica, en Villa Lugano, fue noticia durante unos días porque hubo una disputa entre bandas. Quienes no salen en los medios son los jóvenes que viven en este barrio, que dejaron la escuela para ir a trabajar, y que además sufren la persecución policial.
Este martes, casi en cadena nacional, los principales medios nacionales transmitieron el despliegue policial en el barrio Padre Mugica. Fue a partir de que un grupo de vecinos del barrio Padre Mugica de Villa Lugano en la Capital Federal, erigieran una barricada y cortes de calles. Hartos de la connivencia entre bandas narco y las fuerzas policiales que dejan hacer, salieron a protestar. “Más seguridad, menos corruptos”, sostenía en los cárteles.
Cuando llegaron fuerzas de la Policía de la Ciudad de la Comisaría 8 para aplastar la protesta, los vecinos, entre corridas y focos de fuego encendido, enfrentaron la represión.
Al lugar llegaron cientos de agentes de fuerzas de seguridad. Lo de cientos, no es exagerado. Según precisaron fuentes policiales vinculado al operativo, participaron grupos de Despliegue de Intervención Rápida (DIR); Grupo de Acción Motorizada (GAM); Grupos de Dispersión; Grupos de la Dirección de Operaciones Especiales Metropolitanas (DOEM); Grupo K9 (perros); Brigadas de la Comuna 8; Brigadas de Investigaciones; Grupos de Alta Presencia (GAP); y un Grupo de Contención de la Dirección de Operaciones Urbanas de Contención.
Realizaron 44 allanamientos en los lugares señalados por los vecinos, donde funcionarían los búnker, quioscos de venta y distribución. No hubo un solo detenido. No sorprende, este negocio ilegal se ejerce con la participación activa de fuerzas de seguridad, sean nacionales o provinciales, así como jueces, fiscales y funcionarios públicos entre otros.
Lo que vimos esta semana en Villa Lugano, no es más que una foto de una larga película, que lleva más de cuarenta años, que comenzó cuando el presidente de Estados Unidos Richard Nixon declaró en 1971 la “guerra contra las drogas”.
En nuestro país, desde que rige la Ley de Drogas N° 23.737, solo ha servido a las políticas represivas de la clase dominante para perseguir, encarcelar y estigmatizar a jóvenes de los sectores populares.
En los 32 años de vigencia de esta ley, las bandas dedicadas al tráfico de drogas ilegales se multiplicaron. Mientras el Estado argentino generó gastos siderales en perseguir a quienes se fuman un “porrito”, o cultivan para uso personal, nunca hizo efectiva la “guerra contra el narcotráfico”. El objetivo por el cual supuestamente se sancionó la ley en 1989.
Así lo demuestra el siguiente relevamiento que realizaron integrantes de RESET- Política de Drogas y Derechos Humanos: “En 2019, el 93 % de las incautaciones de marihuana fue justamente a personas que consumen y actorxs ligados a las actividades de narcomenudeo (datos del relevamiento del Ministerio de Seguridad, a partir de datos de las cuatro fuerzas federales). Se calcula que más de 20 mil personas son criminalizadas cada año por tenencia de sustancias ilegales para consumo personal”.
En el mismo sentido, un informe elaborado por el fiscal Federico Delgado, demuestra que el 73 % de las causas por violación a la “ley de estupefacientes” que llegaron a su fiscalía, fueron por tenencia para consumo personal. El resto de los apresados son las “mulas” o los que se dedican al “narcomenudeo”; mientras los jefes de las bandas gozan de buena salud.
Esteban Rodríguez Alzueta, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Nacional de La Plata, refiriéndose a la lucha contra las bandas narco, señaló que: “si se sigue la ruta de la droga sólo se llegará a los perejiles -consumidores, dealers, transas eventuales-”, agrega, refiriéndose a las bandas que operan en Rosario que “hasta que no se siga la ruta del dinero y se investiguen los fideicomisos que existen detrás del boom inmobiliario y turístico –esas estructuras financieras que le permiten al narcotráfico reinvertir sus ganancias en los mercados legales para lograr autonomía respecto de las policías locales-, difícilmente puedan ponerse en crisis los campos criminales amparados –por distintas razones- por sectores de la Justicia y la dirigencia política”.
La prohibición de las drogas llevó al avance de cárteles narcotraficantes a nivel mundial. Política que ha sido muy redituable para los gobernantes que incrementan, sin control, los presupuestos que administran. Según un informe de la oficina de drogas y delitos de Naciones Unidas, se gasta en el mundo unos 100 mil millones de dólares por año en lucha contra las drogas. El 95 % de este dinero es destinado a seguridad y solo el 5 % a la salud pública.
El barrio donde la pobreza golpea fuerte, y los jóvenes luchan por enfrentarla
Desde que comenzó la cuarentena muchos jóvenes se vieron obligados a dejar la escuela para conseguir un empleo. Son, además, hostigados y perseguidos por las fuerzas policiales que patrullan el barrio.
Juan es un joven que vive en Villa Lugano, y nos cuenta cómo viven diariamente esta persecusión: “la Policía te para por portación de rostro”.
No obstante, subraya que cuando comenzó la cuarentena, en marzo de 2020, esto se agravó. “Como ocurrió a nivel nacional, en Lugano la represión se recrudeció” y agrega que “hubo casos en que pibes que iban a trabajar, que tenían el certificado para circular, la Policía los paraba y los hostigaba igual. Se tenían que comer los verdugueos que le hacían”.
Para Juan, la Policía se ensaña con los jóvenes de los barrios populares. “Cuando la cuarentena comenzó a flexibilizarse, con mayor circulación en las calles y mientras en Palermo los bares estaban repletos, en nuestro barrio reprimieron un torneo de fútbol”.
El despliegue policial también sorprendió “cayeron con más de siete patrulleros, una brigada para desalojar a los tiros ese partido de fútbol”.
Esta represión fue denunciada por la diputada porteña Alejandrina Barry, del PTS-FIT.
“Que te pare la Policía es moneda corriente”, dice Juan y agrega que a “los pibes que tienen un porro se los quieren llevar detenidos. Muchas veces la propia resistencia de los pibes, si están acompañados, impiden que la cana se los lleven presos”.
Agrega, que como todos los barrios populares, la juventud de Lugano está desocupada, o super precarizada. Yo estudio en un profesorado de la zona, donde realizamos un relevamiento sobre la cantidad de estudiantes que pidieron el Progresar -programa para que los jóvenes terminen de estudiar- y que se lo rechazaron”. Muchos tuvieron que dejar de estudiar para salir a trabajar.
También remarca que entre sus amigos del barrio no conoce ninguno que trabaje en blanco. “Cambian el trabajo cada dos meses”. Juan finaliza remarcando que la desocupación que hay entre los jóvenes de Lugano es proporcional a la represión y persecución policial que sufren.