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Feminicidios en la Argentina

 

Feminicidios en la Argentina

20.8.2009


Doscientas ocho mujeres murieron en el  año 2008 en manos de sus maridos, parejas, amantes, novios, ex parejas, desconocidos que ejercieron violencia sexual,  parientes y vecinos.

Según el informe parcial del primer semestre del año 2009 elaborado por el Área de investigaciones de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, hasta el 30 de Junio de 2009, la cifra asciende a 82 mujeres y niñas, 6 femicidios por conexión, 9 casos se siguen investigando, 9 mujeres están hospitalizadas en grave estado.
Nuestra intención con la elaboración de este informe, no es crear alarma ni regodearnos morbosamente ante tanto dolor. Sí, en cambio, llamar la atención de la sociedad, y advertir que no se trata de hechos delictivos aislados sino de un problema de índole social, político y de derechos humanos que se sigue multiplicando.
Hoy se habla de inseguridad en la calle, pero no se ha visibilizado que morimos muchas más en la intimidad de nuestras casas: las mujeres, que hemos salido al espacio público luego de siglos de estar confinadas en nuestros hogares al servicio de la reproducción y el cuidado de las/os hijxs, es aquí ahora, en ese ámbito que ellos decían “sagrado” al cual siempre quisieron confinarnos, en el que últimamente nos encontramos más inseguras, y con riesgo de muerte.
La sociedad parece horrorizarse ante cada hecho violento, pero las respuestas de la justicia ante estos hechos parecen no decir lo mismo: sólo vemos pobres condenas hacia  los varones que matan a las mujeres, se abusa casi infantilmente de las figuras de emoción violenta o de la preterintencionalidad, y se termina sin castigar adecuadamente este tipo de delitos, multiplicando en la conciencia colectiva la permisibilidad, el perdón o la condescendencia.
Necesitamos cambiar esta realidad. Existen muchos métodos de abordaje para intentar solucionar, prevenir o dar respuesta a esta problemática, y la principal y más efectiva es la que proviene del Estado, porque  sólo éste cuenta con los medios necesarios para establecer pautas de conducta y sostenerlas, por los diversos medios a su alcance.
Desde La casa del Encuentro, como organización feminista social y popular al servicio de los derechos de la mujer, están pidiendo varias herramientas, las cuales son:
1) Que se modifique el Código Penal de la Nación, incorporándose el FEMICIDIO como figura penal autónoma, herramienta con la cual ya cuentan varios países para castigar este tipo de delitos. Esto no es una mera petición institucionalista, es una manera de dejar bien en claro que la sociedad no avala estas conductas.
2) Que se agregue en el Código Civil la pérdida inmediata de la patria potestad para aquel que haya matado o atentado contra la vida de la madre de su/s hijo/as. En lo que hace a la pérdida de derechos del homicida, no a sus obligaciones alimentarias para con los/as hijxs. No puede ser que los padres asesinos puedan, luego de cumplir sus escasas condenas, seguir criando a esos hijxs a los que dejaron sin madre.
3) Protección integral para la mujer víctima de violencia: En el marco de nuestro estudio hemos visto que, en muchos casos, antes de que se cometa el femicidio, los asesinos ya habían sido objeto de denuncias de violencia; por diversas causas, no se protege en forma adecuada la vida de quien está siendo amenazada y, al final, se produce el femicidio.
Debemos actuar antes. Es indispensable que la mujer en situación de violencia pueda cortar esa relación y salir de la casa del violentador. Para que pueda hacerlo necesita la ayuda de la sociedad, darle recursos, humanos y materiales para que pueda hacerlo. En muchos países funcionan los préstamos en condiciones especiales, otorgamiento de vacantes en cualquier momento del año en jardines infantiles y escuelas, acceso a cursos de capacitación laboral gratuitos, espacios donde puedan permanecer  con sus hijxs durante lapsos más prolongados que la propia emergencia del hecho violento puntual.
Desde las organizaciones sociales no pueden suplir al Estado, estamos hablando de prevenir la muerte, ¿no es acaso un objetivo que debería tener la máxima importancia en la agenda política y social? La respuesta a esta pregunta esta dada en que no existen estadísticas oficiales sobre los femicidios por eso todavía no existen suficientes políticas públicas que puedan influir en las conductas sociales y culturales que terminan con la vida de cientos de mujeres y niñxs.
Luchar contra toda forma de violencia hacia las mujeres y niñxs es responsabilidad de todos y todas.

La tarde gris de Cromañón

 

La tarde gris de Cromañón

19.8.2009

La lluvia hace a la espera aún más inquietante; los familiares y sobrevivientes, agrupados sobre la calle Lavalle a un costado de Tribunales, derrochan nervios, impaciencia, tristeza. Las pancartas con los nombres de las víctimas, sus zapatillas como símbolo, las flores, los abrazos y lágrimas, son el marco en el que se palpita el momento antes de la lectura de la sentencia. Sobre una escalinata, al pie de una de las puertas del palacio, Martín, hermano de una víctima, lamenta no poder estar en la sala del fallo. “No nos dejaron pasar porque no teníamos credencial. Además, la sala es bastante chica”, se justifica y reclama noticias a través de las rejas. Y pide, también, justicia.

Una música afloja la espera, la tensión del ambiente; tapa el silencio. Las cámaras de televisión llenan de cables la cuadra; los fotógrafos se hacen su festín. De pronto, por los parlantes se anuncia la lectura de la sentencia: los familiares se abrazan, otros cierran los ojos, convocando a algún santo.

Llega el momento que esperan desde hace 5 años.

Los 20 años a Chabán se reciben con aplausos y gritos de aprobación; luego sigue el nombre del manager de Callejeros junto al del subcomisario Carlos Díaz: 18 años para cada uno; aplausos. El aire optimista cesa con la lectura de las penas para las ex funcionarias del gobierno porteño de Aníbal Ibarra, Fabiana Fiszbin y Ana María Fernández: 2 años de prisión. Se palpita lo peor: las penas van en baja – de las más altas a las más leves -, y la sentencia del grupo de Callejeros no ha sido leída. La absolución completa de la banda dispara primero insultos, luego violencia. La tristeza se vuelca en furia.

El círculo de abrazos formado para escuchar la sentencia se descomprime rápidamente. Algunos de sus integrantes se precipitan sobre la puerta a Tribunales que da Lavalle; hay gritos, empujones, insultos. Otra corriente de jóvenes encara hacia la calle Uruguay para intentar ir hacia el Congreso. Al menos quieren demostrar así su disconformidad. La mayoría de los padres eligen mantenerse al margen.

Llegan más efectivos policiales y comienzan los palazos; hay corridas y forcejeos. Un imponente camión hidrante que lanza colorante azul termina la faena: la policía forma un cordón y avanza hasta la esquina; todavía vuelan piedras.

Un puñado de padres se planta frente a la formación policial y llama a la calma. “Nosotros no apoyamos esta forma de reclamar”, clama Silvia, madre de Julián Rozengardt, víctima de Cromanón.

Un señor mayor teñido por el agua azul de la represión se queja de un golpe recibido. “¿Cómo está?”, pregunta sagaz un notero de C5N para las cámaras. “Cansado, me duele la espalda y muy triste por la muerte de mi hijo”, sintetizó.

El cordón policial se mantiene de telón de fondo. Detrás, padres, familiares y cámaras hablan, discuten, lloran. Amigos y hermanos gritan:

Policía, policía,
yo te quiero preguntar,
si a vos te matan un hijo,
de qué lado vas a estar.

Un efectivo se levanta el casco y al grito de los familiares, responde con una sonrisa sobradora.

Primeras impresiones

¿Está decepcionado con el fallo?

-Absolutamente-, contesta rotundo Rodolfo Rozengardt, padre de Julián. Resumía, en esa palabra, el sentimiento generalizado de los familiares. “Usaron como chivo expiatorio a las figuras más polémicas y conocidas y dieron penas levísimas a los funcionarios del gobierno”.

La sentencia sobre Callejeros trajo, en cambio, ambivalencias. Por un lado, un grupo reunido en Plaza Lavalle pedía su absolución; los familiares y sobrevivientes, en cambio, los entendían culpables. “¿Cómo van a sentenciar al manager y no a la banda? ¿Cómo no van a juzgarlos si se comprobó que la propia madre de Fontanet – líder de la banda – hacía entrar bengalas al lugar?”, se pregunta Silvia mientras brillaban sus lágrimas. No hay respuesta.

En el momento de la lectura del fallo, allegados a Callejeros lanzaron papelitos como forma de festejo. Hubo entredichos con los familiares de las víctimas, insultos y la misma tensión dentro de la sala y afuera, en la vereda.

Pasadas las 17, la lectura del resumen de los fundamentos del fallo continuaba. Por la calle Talcahuano se animaban a salir los primeros familiares y amigos de la banda. Las lágrimas, en este caso, eran de alegría.

Sobre Lavalle, el cordón policial sigue firme. Los familiares, sobrevivientes y amigos, también: esperan el final de la lectura de los fundamentos para comenzar a marchar hasta República Cromañón.

La lluvia hace a la espera aún más inquietante.

El desgarro

Mientras los familiares de las víctimas repudian el dictamen que absuelve a los integrantes del grupo Callejeros y hace la vista gorda con los miembros del gobierno porteño, sobre la calle Talcahuano, los seguidores de la banda -congregados en la plaza Lavalle frente al Palacio de Tribunales- corean cánticos por la “salvación” de los músicos. En tanto, los policías cercan las cuatro calles (Uruguay, Lavalle, Talcahuano y Paraná) supuestamente para que los dos grupos no tuvieran posibilidad de choque.

La calle Lavalle está bloqueada. Un hombre corpulento, casi obeso, de pelo raso y remera blanca -que recuerda a los 194 chicos asesinados en República de Cromañón- desafía a los policías que, acorazados tras escudos y vallas, le impiden volver a reunirse con su familia. La distancia de media cuadra que los separa es un abismo, y el hombre, con toda su furia en el pecho y las manos cerradas, incita a los policías a la batalla. Angustiado, al borde de hundirse en el llanto, toma una de las tantas banderas que reclaman justicia, y el palo que sostiene el trapo – ahora convertido en lanza- estalla una y mil veces contra el hierro de las vallas. Su furia es inagotable; un grupo de personas igualmente desconsoladas lo tratan de contener mientras corre desaforado por la calle Talcahuano. Llega a las escalinatas de Tribunales, las trepa con desesperada destreza, y con la lanza otra vez en alto, se descarga contra los pórticos de la Justicia. Desde la plaza Lavalle, el grupo de jóvenes que gritaba por Callejeros ahora está atónito; la escena los descoloca. El blanco del hombre ha cambiado: su objetivo son los chicos que se acercaron a ver la gresca. Arroja el palo hacia ellos con la furia de un titán al grito de: “¡Ustedes son los que deberían haber muerto, hijos de puta!”. El arma se suspende rígida en el cielo y rasga el aire como una eterna jabalina.

El caos sigue, y los encontronazos son inevitables. Entre toda una muchedumbre que se agolpa en la esquina de Paraná y Talcahuano, se arruinan dos contrincantes a puro cross izquierdo y derecho. El rostro de un policía con bigotes de manubrio, que descansa impasible sobre una valla, deja vislumbrar una mueca burlona. La disputa continúa ahora sobre la calle Paraná y hay un lío infernal de gente corriendo, llorando, gritando o implorando. Otros se golpean con una saña macabra. Nuestro hombre, llamémoslo ahora Ulises, cayendo al piso, grita agónico: “¡Van a volverse invisibles, ustedes también se van a morir!”. Es una escena desgarradora más que violenta, que pone en acto una dimensión de este dolor. El hombre no necesita el golpe que le da el policía, sino un abrazo.

Juez intenta desalojar IMPA

 

 

Juez intenta desalojar IMPA

17.8.2009

 

Los trabajadores y trabajadoras de la fábrica recuperada IMPA decidieron resistir cualquier intento de desalojo ordenado por el juez Hugo Vitale. Este magistrado ha iniciado acciones para declarar inconstitucional la ley de expropiación votada por unanimidad por la Legislatura porteña en diciembre de 2008, y que fuera promulgada por el Ejecutivo de la Ciudad un mes más tarde.

El mismo juez no cuestionó esta ley en el caso de la expropiación de otra fábrica en similar situación, Ghelco, lo cual según Eduardo Murúa, referente del IMPA y del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), "desnuda sus intenciones económicas: Vitale tiene armado con su 'socio', el corrupto síndico Debenedetti, la venta del inmueble valuado en 20 millones de pesos, de los cuales seis quedarían para ellos".

Éste no es el primer intento de desalojo que tiene a Vitale como brazo ejecutor. En abril de 2008 avanzó contra la metalúrgica reprimiendo salvajemente a sus trabajadores y a los vecinos y organizaciones populares que se acercaron al lugar para brindar su apoyo. La solidaridad y la resistencia permitieron reconquistar nuevamente la fábrica.

IMPA fue recuperada por sus trabajadores en 1998. Apesar de no contar con políticas públicas que ayuden a consolidar estas experiencias, hoy nuclea a 63 trabajadores y funciona como sede de numerosas actividades culturales. Unos 150 alumnos estudian en el Bachillerato para Adultos gratuito con título oficial que conduce la Cooperativa de Educadores Populares; en sus instalaciones funciona un Centro de Salud gratuito que brinda servicios a los vecinos del barrio de Almagro, y cientos de jóvenes participan en el Centro Cultural.

IMPA se encuentra en estado de asamblea permanente desde el lunes 10 de agosto, organizando la resistencia. "No aceptaremos ninguna resolución que implique el cierre de la fábrica y la desocupación de los trabajadores", sostuvo Murúa. Mientras tanto "seguiremos haciendo lo que mejor sabemos: los trabajadores produciendo, los maestros enseñando, los alumnos estudiando, los médicos brindando salud y los trabajadores de la cultura produciéndola. IMPA no es sólo una empresa recuperada. IMPA es un espacio ganado por nuestro Pueblo. IMPA para nosotros es la muestra de la Patria que queremos. Por eso llamamos al pueblo a sumarse a su defensa", concluyó.

 

 

Esperando el fallo

 

Esperando el fallo

Vigilia por Cromañón

17.8.2009

 

Mañana, martes 18, un día antes del fallo por la masacre, habrá una vigilia frente al Palacio de Tribunales y el miércoles los familiares, amigos y sobrevivientes estarán allí otra vez desde temprano, donde habrá homenajes y una radio abierta. Luego del fallo, se marchará hasta el santuario.

 

Familiares, sobrevivientes y amigos de las víctimas de Cromañón realizarán una vigilia, mañana martes 18, desde las 18 hasta la medianoche frente al Palacio de Tribunales. Habrá una flor por cada uno de los 194 muertos y una vela por cada par de zapatillas que dejó de andar las calles aquel 30 de diciembre, con el objetivo de “iluminar la verdad para impedir la impunidad”.

 

El miércoles, día del fallo, por la mañana las fotos, zapatillas y carteles decorarán las vallas policiales y una radio abierta recordará el pedido de justicia. Con la sentencia dictada, los familiares comenzarán desde allí una nueva marcha hacia el santuario ubicado a metros de la disco.

 

Convocado por la Articulación de Familiares, Sobrevivientes y Amigos de la Masacre de Cromañón –colectivo que reúne a las organizaciones de padres y sobrevivientes– el acto del martes se realizará sobre la calle Talcahuano, con la bandera que carga los rostros de las víctimas mirando hacia el edificio de Tribunales como escenario. Las velas y flores serán la ofrenda a la esperanza de justicia que marcha tras marcha gastó las zapatillas de quienes perdieron a un hijo, un amigo o un compañero de recitales.

 

Marcelo Santillán, músico y sobreviviente de Cromañón, cantará “Basta Ya”, un tema que ya se convirtió en himno de las vigilias y que recopila la voz de los familiares en estos cuatro años y medio de lucha.

 

Las velas seguirán ardiendo luego de que se reciten los nombres de los 194 jóvenes, los 11 padres y madres que fallecieron en los años siguientes a la tragedia y los sobrevivientes, pero el acto tendrá su fin alrededor de las 22. Al día siguiente, cerca de las 9, horas antes del fallo, una nueva convocatoria se concentrará sobre la entrada de Lavalle para colgar cientos de pares de zapatillas, fotos y carteles sobre el vallado policial que separará a los familiares que entren a escuchar la sentencia, de los amigos que se quedarán sobre la calle pidiendo “castigo a los culpables” a través de una radio abierta.

 

Más allá de la decisión final de los jueces, los integrantes de la articulación saben que la lucha no termina porque alguna de las dos partes llevará el caso a la instancia del Tribunal de Casación y por lo que los pedidos de justicia y las marchas continuarán en pie.

 

Por eso, una vez pronunciada la última palabra del tribunal, la primera acción del colectivo de padres y sobrevivientes será recoger los símbolos que sobre los vallados representaron la presencia de sus hijos y llevarlos en una marcha hasta el santuario ubicado a metros de la disco de Omar Chabán.

La condena de Cromañón

 

La condena de Cromañón

Una sentencia con 194 testigos

 

El próximo miércoles se dará a conocer la sentencia por la masacre de Cromañón. Se llegará, así, a una instancia que, en lo formal, implica adjudicar penas a los responsables. Más allá de lo que sostenga la Justicia, seguirá la movilización social para condenar a los que quedaron fuera de este juicio y para seguir luchando por un país sin más cromañones.

 

Cuando este miércoles 19 se dicte la sentencia por Cromañón, ya nadie tendrá excusas formales para seguir nombrando como “tragedia” a lo que fue una masacre. Éstas, a diferencias de las primeras, tienen responsables de carne y hueso. Y, en este caso, algunos de ellos estarán en el banquillo de los acusados.

 

Un año atrás, el 19 de agosto de 2008, comenzaba este juicio oral y público que concluye ésta semana con el principal responsable -es necesario destacarlo- mirando el proceso desde afuera: el ex Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra fue sobreseído sin siquiera ser citado a declarar.

La sentencia marcará, qué duda cabe, un aspecto central en el reclamo de Justicia que iniciaron familiares, amigos y sobrevivientes de Cromañón, apenas unas horas después de aquel 30 de diciembre de 2004. Sin embargo, la lucha del movimiento Cromañón excede largamente el proceso judicial, para sitiarse ya en otro ámbito: el espacio público. Es ahí, donde se gestó, donde continuará esta lucha que no finaliza con el fallo judicial.

 

Es exactamente por esa razón que el movimiento Cromañón adquiere una singular importancia: demonizados por los medios masivos de comunicación, que tildaron a los padres de “violentos”; por los progresistas, que los señalaron como “funcionales a la derecha”; y condenados por muchos, que les propinaron una indiferencia descalificadora, ellos continuaron adelante marcando un camino poco transitado: el dolor transformado en lucha y ésta, en esperanza.

 

Es por ellos, en una gigantesca proporción, que fue posible sentar como acusados a buena parte de los implicados en la masacre. Y como si esto ya no fuera demasiado, no han dejado de movilizarse mes a mes, produciendo 55 comunicados de una lucidez apabullante; constituyendo una murga, “Los que nunca callarán”; una muestra de fotos itinerante; un ciclo de charlas y conferencias; un santuario, levantado con igual empeño que dolor; una articulación que reúne a los distintos grupos; cientos de encuentros, un movimiento contra la impunidad que los aglutinó con otras luchas; entre otras varias acciones.

 

Pasaron más de dolor, de impunidad, de lucha, de movilizaciones, de resistencia, de injusticia. 55 meses en los que quedaron desnudos el progresismo barato, la izquierda paleozoica, la derecha repugnante y la alarmante indiferencia social.

 

Todo esto, y mucho más, en este tiempo en que Cromañón se convirtió en un adjetivo para calificar, mejor que ningún otro, las miles de situaciones latentes donde la vida  corre riesgo frente a la más absoluta complicidad institucional. La República de Cromañón, ese país visible pero invisibilizado (y no sólo por el humo) sigue latente y silenciado hasta que una nueva masacre lo saque a la luz.

 

Es probable que la sentencia del Tribunal Oral Criminal Nº 24, integrado por María Cecilia Maiza, Marcelo Alvero y Raúl Llanos, contra los quince imputados, no tenga el calibre que se éstos se merecen. La Justicia, hace rato en éste país, no suele acompañar la lucha de los movimientos sociales.

 

Omar Chabán, que no es el único responsable de la masacre de Cromañón, pero sí uno de los principales, escuchará la condena y se irá a su casa. Salvo alguna modificación de último momento, el ex gerenciador del boliche, tendrá tiempo para presentar una y varias apelaciones hasta que la sentencia quede “firme”.

 

Cuando Cromañón ardía y varios pibes daban, literalmente, la vida  para salvar a otros, Chabán eligió por escapar por la puerta de atrás, también literalmente, no sin antes recoger el dinero recaudado. ¿Quién se hará cargo si vuelve a fugarse?

 

Palabras de su abogado: “Chabán nunca se fugó. Estaba solo, reflexionando, incluso la posibilidad de suicidarse”. Más de su entorno luego de la masacre: “estaba aturdido”. ¿No estaban aturdidos los pibes que entraban y entraban a sacar más chicos y que a veces entraban y no salían?

 

El fallo del próximo miércoles dará razón a todos los que en este tiempo afirmamos hasta la afonía que Cromañón fue una masacre y, como tal, tiene culpables.

 

La acusación más grave que recibirán los quince implicados será la foto de los 194 pibes asesinados. Y esas caras, esos rostros adolescentes, rebeldes, espontáneos, frescos; tienen la particularidad de que, al verlos, sea casi imposible no dimensionar todo lo que Cromañón mató.

 

¿Mirarán los jueces esas fotos? ¿La mirarán los imputados? ¿Cuántos son capaces de aguantar esas miradas?

 

Este 19 de agosto estas preguntas comenzarán a tener respuesta.

 

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