Villa 31: «Así no se puede vivir»
30.4.2020
Por Ramona Medina, vecina del sector Bajo autopista, Villa 31. (Ciudad de Buenos Aires)
Hace cuatro días estamos sin agua en el barrio, aún con trece casos confirmados de coronavirus. ¿Cómo pretenden que cumplamos todas las medidas de prevención e higiene? En mi familia esto golpea mucho más fuerte porque somos seis personas, cuatro en población de riesgo: mi marido Alexis, mis hijas Guadalupe y Maia y mis sobrinos Damián y Soledad. Vivimos hacinados y eso complica los cuidados que tomamos con Guada, que desde los cinco meses fue diagnosticada con Síndrome de West y Síndrome de Aicardi, además sufre convulsiones refractarias y tiene 34 puntos por una operación de escoliosis que empeoran con la humedad. Como no entramos todos sentados, antes sacábamos una mesa al pasillo, pero ahora debemos comer parados y otros en la cama.
Así no se puede vivir, es insostenible que Guada siga en estas condiciones: le cambió por completo la rutina y ahora llora, grita, vive triste, con ojeras y las convulsiones son más frecuentes. Nos había costado mucho trabajo que bajaran sus convulsiones diarias de 50 o 60 a sólo siete. Sin embargo, retrocedimos en todo lo que habíamos logrado. Desde el censo de 2016, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires conoce mi situación y hace dos años les vengo implorando una solución habitacional dentro del marco de la urbanización y no toman como prioridad a las personas con discapacidad. Sin embargo, no hacen nada. ¡Nada! No se imaginan la angustia que cargo, el peso que llevo encima, porque en el Sector YPF todavía no adaptaron ningún hogar para las condiciones que necesita mi hija: vimos uno donde la silla de ruedas no pasaba por la puerta, no había rampa, el baño no estaba acondicionado para que entrara la silla, ya que no la podemos bañar parada. Como si esto fuera poco, me dijeron que “los arreglos correrían por mi cuenta” y que perdería la garantía de la vivienda en caso de remodelar.
Después de que el 15 de abril salí en Televisión Pública contando mi situación, me llamaron inmediatamente desde la Secretaría de Integración Social y Urbana para hacerme una nueva oferta, pero al coordinador de las relocalizaciones le expliqué que no cumplía las necesidades de mi hija y comenzó a tratarme mal: «Vos no estás para pensar», «sos una mala madre porque no te interesa, ya que seguís esperando» y lo último que me dijo fue «con vos, histérica, no puedo hablar». Y me cortó. Después de eso no recibí ninguna otra oferta, sólo hostigamiento y presión para mudarme igual, ¡pero que no cumplía las condiciones para Guada!
Después de todo este sufrimiento, no sé qué hace el gobierno porteño.
¡Pero necesitamos soluciones!